Roturas | Lesiones deportivas

Rotura fibrilar y contractura muscular: diferencias clave

Las lesiones musculares son una consecuencia relativamente frecuente de la práctica deportiva, tanto en personas aficionadas como en deportistas experimentados. Sin embargo, no todas las lesiones son iguales ni tienen la misma gravedad. Entre las más habituales se encuentran la rotura fibrilar y la contractura muscular, que aunque pueden provocar dolor, molestia y limitación del movimiento, presentan diferencias importantes en cómo se producen, cómo se sienten y cómo deben tratarse.

Comprender las características principales de cada una de ellas es fundamental para poder identificarlas correctamente, actuar de forma adecuada desde el primer momento y favorecer una recuperación segura y efectiva. Saber distinguir si se trata de una rotura de fibras o de una simple contractura permite adaptar el reposo, la aplicación de frío o calor y el tipo de tratamiento, evitando complicaciones y reduciendo el riesgo de recaídas

¿Qué es la rotura fibrilar?

La rotura fibrilar es una lesión muscular en la que se produce un desgarro en las fibras del músculo. Suele aparecer tras un estiramiento brusco o un esfuerzo intenso, y se caracteriza por un dolor agudo, sensación de “latigazo” o “pedrada”, pérdida inmediata de fuerza e incapacidad funcional de la zona afectada. Lo más habitual es que se localice cerca de la unión músculo-tendón, considerada el punto más débil de la cadena hueso–tendón–músculo.

Las roturas fibrilares más frecuentes se dan en músculos de las piernas como el cuádriceps, los gemelos, los isquiotibiales o los aductores, aunque pueden producirse en prácticamente cualquier grupo muscular, por lo que no es raro verlas también en la musculatura abdominal o en los brazos. La rotura fibrilar del gemelo (gastrocnemio) es muy común entre jugadores de tenis, motivo por el cual se conoce popularmente como “pierna del tenista”. Los isquiotibiales se lesionan con mayor frecuencia en deportes de velocidad o salto, mientras que en futbolistas son especialmente habituales las roturas fibrilares de cuádriceps e isquiotibiales.

Causas de la rotura fibrilar

Estos son los principales factores que pueden predisponer a sufrir una rotura fibrilar:

  • Factores intrínsecos al individuo: sexo, factores genéticos, edad, composición corporal, estado general de salud y antecedentes de lesiones previas.

  • Sedentarismo: la falta de actividad física debilita el tejido muscular, disminuye su elasticidad y hace que las fibras sean más vulnerables ante un esfuerzo puntual.

  • Mala circulación arterial y venosa: cuando la circulación es insuficiente, llega menos oxígeno al músculo y se favorece la acumulación de sustancias de desecho como el ácido láctico. Esto hace que las fibras musculares se fatiguen antes y sean más propensas a romperse.

  • Nutrición o hidratación deficientes: una dieta pobre en nutrientes esenciales y una hidratación inadecuada alteran el equilibrio de electrolitos y la función normal del músculo, aumentando el riesgo de lesión.

  • Enfermedades metabólicas: patologías como la diabetes pueden afectar a la calidad del tejido muscular y de los vasos sanguíneos, incrementando la probabilidad de roturas fibrilares.

  • Factores extrínsecos: entrenamiento inadecuado (sobrecarga, falta de calentamiento, mala técnica), condiciones ambientales adversas (frío, humedad) y factores psicológicos como el estrés, así como hábitos tóxicos (tabaco, alcohol).

Por último, suele existir un acontecimiento desencadenante: una aceleración brusca, un sprint, un salto o un cambio de ritmo repentino. Muchas personas describen este momento como la sensación de recibir una auténtica “pedrada” en el músculo.

Tratamiento de la rotura fibrilar

El abordaje inicial de una rotura fibrilar suele centrarse en reducir el dolor, la inflamación y favorecer la recuperación del tejido muscular. Para ello, es fundamental actuar con rapidez, aplicar medidas de protección y reposo y evitar gestos que puedan agravar la lesión. No obstante, la forma de tratarla en cada caso puede variar según la gravedad, el músculo afectado y la evolución de los síntomas.

Si quieres conocer paso a paso cómo tratar correctamente una rotura fibrilar, puedes consultar este artículo completo: Cómo curar una rotura fibrila

Rotura fibrilar | Diferencias con la contractura muscular

Contractura muscular

La contractura muscular aparece repentinamente tras un sobreesfuerzo o una actividad demasiado intensa, debido a la tensión excesiva y mantenida de un músculo o de un grupo de fibras musculares. Es una lesión muy frecuente, especialmente en zonas como cuello y hombros, región lumbar, espalda dorsal, así como en muslos y gemelos en personas que practican deporte.

Existen diferentes tipos de contracturas, entre las que destacan:

  • Contracturas por sobrecarga o esfuerzo: aparecen tras entrenamientos intensos o movimientos repetitivos.

  • Contracturas posturales: relacionadas con malas posturas mantenidas (por ejemplo, muchas horas sentado frente al ordenador).

  • Contracturas residuales: se producen como mecanismo de protección alrededor de una lesión previa (esguince, rotura fibrilar, etc.).

  • Contracturas traumáticas: derivadas de un golpe directo o traumatismo en el músculo.

Normalmente, se manifiestan con un abultamiento o “nudo” muscular en la zona afectada, acompañado de dolor, rigidez y resistencia a la movilización. Además, pueden aparecer otros síntomas como sensación de debilidad muscular, dificultad para realizar esfuerzos, fatiga muscular e incluso desequilibrios musculares, que alteran la postura y la manera de moverse.

Causas de las contracturas

Las contracturas son muy frecuentes en la práctica deportiva, siendo más comunes en personas poco habituadas al esfuerzo muscular o físico.

Sus principales causas son: 

  • Frío.
  • Tensión debida a estrés emocional.
  • Sobreesfuerzo.
  • Deshidratación, por falta de agua, electrolitos (sodio, magnesio, potasio), o glucosa.
  • Traumatismos o choques externos (contracturas traumáticas).
  • Como consecuencia de una lesión. El músculo se contrae para proteger la zona lesionada y favorecer así su recuperación, es lo que se denomina contractura residual.
  • Pérdida de elasticidad en músculos y articulaciones, asociada a la edad.

Tratamiento de las contracturas musculares

Como en cualquier lesión deportiva, la prevención siempre es el mejor tratamiento. Por eso, previo a la realización de ejercicio físico se recomienda realizar un precalentamiento adecuado que ayude a estirar y preparar las diferentes zonas musculares que trabajarán durante la práctica deportiva. Este precalentamiento puede acompañarse de termoterapia aplicando a través de un masaje la crema efecto calor WarmCream de DermaPlast® ACTIVE que genera un calor intenso en la zona disminuyendo los espasmos musculares y la rigidez muscular, antes de comenzar con el ejercicio físico.


Si aún así aparece la lesión es
recomendable:

  • Realizar reposo para ayudar a la relajación y recuperación muscular.
  • Aplicar termoterapia después de 48-72 horas de la contractura. Su efecto analgésico y relajante ayuda a disminuir la rigidez muscular y articular, así como aumenta la movilidad aliviando de manera rápida el dolor.
  • En contracturas traumáticas, aquellas causadas por un golpe o traumatismo, también se recomienda la crioterapia durante las primeras 48-72 horas, por su efecto analgésico y antiinflamatorio.

DermaPlast® ACTIVE Hot/Cold Bag es una compresa de gel indicada para terapias de frío y calor. Puede reutilizarse siempre que se necesite para aplicar tratamientos de termoterapia y crioterapia en la zona afectada

En el caso de que fuese necesario, también se puede complementar con un tratamiento farmacológico, consultando previamente con un especialista, basado en analgésicos para el dolor y antiinflamatorios para la inflamación secundaria de la contractura.

Hay que tener en cuenta que la capacidad regeneradora del músculo disminuye con la edad. Debemos tener paciencia, puesto que recuperarse de una lesión requiere tiempo. Y, es importante que, cuando vuelvas al deporte lo hagas de forma progresiva.


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WarmCream de DermaPlast® ACTIVE es un producto cosmético.

Diferencias entre rotura de fibras y contractura muscular

La contractura muscular es una lesión leve en la que el músculo se tensa y se acorta, pudiendo notarse como una “bola” dolorosa y rígida. Suele aparecer tras esfuerzos prolongados, sobrecargas o malas posturas y, en general, mejora en unos días con reposo, fisioterapia y tratamiento adecuado.

La rotura de fibras, en cambio, es una lesión más severa, provocada por movimientos bruscos o esfuerzos intensos, en la que se dañan las fibras musculares. Produce un dolor muy intenso, a veces con pérdida de movilidad y hematoma, y su recuperación suele requerir entre 20 y 30 días, según la gravedad de la lesión.